El fallecimiento de Carlos Alberto Courel genera un profundo pesar en el arco político tucumano, marcando la partida de un referente indispensable de la Unión Cívica Radical de las décadas de 1980 y 1990. Con su partida a los 71 años, la provincia pierde a un hombre de firmes convicciones republicanas que supo anteponer los principios democráticos a las lógicas de la confrontación personal.

Ingeniero de profesión, Courel entendió la política como un servicio guiado por la formación y el debate de ideas. Esa vocación lo llevó a ser uno de los fundadores del Ateneo de la Libertad, un espacio interno de la UCR que se convirtió en semillero de militantes y en un faro de discusión doctrinaria en Tucumán. Su liderazgo, siempre horizontal y respetuoso de las disidencias, cosechó el reconocimiento de propios y extraños, incluso de aquellos que transitaban por veredas internas diferentes dentro de su centenario partido.

Su trayectoria pública estuvo marcada por hitos de enorme relevancia institucional. En 1994, tuvo el honor de representar a los tucumanos como convencional constituyente nacional, participando activamente en la reforma que modernizó la Carta Magna argentina. Su paso por la Legislatura provincial y, posteriormente, por la Cámara de Diputados de la Nación, consolidó su estatura como parlamentario riguroso.

Fue precisamente en el Congreso de la Nación donde Courel asumió con valentía uno de los roles más complejos de su carrera: liderar la oposición democrática al bussismo. Desde su banca, y con el peso de sus argumentos, defendió la calidad de las instituciones y cuestionó con firmeza los legados del autoritarismo en la provincia.

Esta postura inquebrantable no estuvo exenta de riesgos. En febrero de 2000, mientras integraba la comisión que analizaba el pliego de Antonio Domingo Bussi, su domicilio familiar sufrió un grave atentado a balazos. La agresión, que buscaba amedrentarlo, generó un unánime repudio de todo el arco político nacional. Lejos de retroceder, Courel mantuvo su integridad y su compromiso con la verdad y la justicia penal, sin hacer de ese amargo episodio una tribuna para el victimismo.

Carlos Courel fue también un hombre que disputó el poder local con vocación de gestión, como lo demostró al postularse para la intendencia de San Miguel de Tucumán. Sin embargo, más allá de los cargos, su mayor capital fue la coherencia entre su vida privada y su acción pública.

Sus restos fueron despedidos por familiares, amigos y correligionarios en el cementerio Parque Jardín San Agustín. Se va el dirigente, pero queda el ejemplo de un hombre que demostró que la política puede —y debe— ser una herramienta de dignidad republicana.