El desafĂ­o de transformar el descarte comercial en valor social frente a la emergencia alimentaria

En un contexto socioeconómico complejo que afecta de manera transversal a ciudadanos, organizaciones y al sector empresarial, la labor de articulación entre las instituciones públicas y el tercer sector se vuelve un eje analítico central para entender cómo se amortiguan las necesidades más urgentes de la población. La reciente visita de autoridades de la Legislatura de Tucumán —encabezadas por el vicegobernador Miguel Acevedo y miembros de la comisión de Organizaciones No Gubernamentales (ONG)— a las instalaciones de la Fundación Banco de Alimentos (BAT) expone tanto el potencial de estas organizaciones como los límites normativos que aún restan superar.

El rescate de alimentos: una lógica ética y operativa

El Banco de Alimentos de Tucumán, con más de 24 años de trayectoria en la provincia, opera bajo un principio que combina la eficiencia logística con un profundo sentido ético: recuperar productos que, por razones de vencimiento corto, fallas de marketing o salida del circuito comercial, pierden su valor de mercado pero conservan intacta su aptitud para el consumo humano.

Este proceso de clasificación y distribución permite actualmente asistir a unas 150 organizaciones sociales, llegando a un universo estimado de 65.000 personas a través de comedores, merenderos y hogares de niños. Sin embargo, la estructura civil no es ajena a la coyuntura. Desde la fundación señalaron que la actual situación económica genera una merma en el flujo de donaciones, impactando directamente en el volumen de stock disponible para el reparto, lo que evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de asistencia basados puramente en la buena voluntad corporativa o individual.

El rol de la polĂ­tica: de la asistencia a la polĂ­tica pĂşblica

La presencia del arco polĂ­tico en el territorio de las organizaciones intermedias suele interpretarse bajo distintas Ăłpticas. No obstante, desde una perspectiva puramente institucional y objetiva, el valor de estos encuentros radica en la posibilidad de traducir la experiencia civil en marcos regulatorios estables.

Desde el sector social se define a estos bancos no solo como paliativos de emergencia, sino como verdaderas «plataformas de cambio social» aptas para integrarse como herramientas permanentes de la política pública. Por su parte, los representantes legislativos asumieron el compromiso de trabajar en el desarrollo de normativas legales vigentes que ofrezcan incentivos y seguridad jurídica tanto a las empresas que deciden donar como a las fundaciones que reciben los bienes.

La expectativa de la sociedad civil no se centra en la suplantación de estas tareas por parte del Estado, sino en la creación de un ecosistema legal que potencie lo ya construido. Las asociaciones intermedias demuestran una capacidad de llegada periférica allí donde la burocracia estatal muchas veces encuentra límites, convirtiéndose en un eslabón clave para la cohesión social.

La responsabilidad colectiva como pilar ético

Más allá de la responsabilidad técnica de los gobernantes y de la capacidad logística de las fundaciones, el escenario actual reinstala un debate ético sobre el rol de cada individuo en la comunidad. La persistencia de la vulnerabilidad alimentaria deja en claro que la resolución de estas problemáticas no puede delegarse de manera exclusiva en terceros.

Bajo esta mirada, hacer algo por los demás deja de ser una acción meramente opcional para convertirse en una responsabilidad compartida de la que depende la sostenibilidad de todo el entramado social. El fortalecimiento de la comunidad requiere, necesariamente, que cada sector y cada ciudadano asuman que el bienestar colectivo es un compromiso común.

Solidaridad comunitaria en la práctica

En el plano operativo, la subsistencia de estas redes sigue dependiendo del involucramiento directo de la sociedad. Desde la administraciĂłn del banco recuerdan que la colaboraciĂłn no se restringe al aporte econĂłmico o material; el voluntariado en tareas administrativas, la clasificaciĂłn manual de productos en los depĂłsitos y las auditorĂ­as de los comedores destinatarios constituyen el motor diario de la fundaciĂłn.

El desafío hacia el futuro inmediato radica en si la sinergia iniciada entre el sector empresarial, las organizaciones civiles y el Poder Legislativo logrará consolidar leyes sustentables en el tiempo, capaces de blindar la asistencia alimentaria de los vaivenes económicos y las urgencias coyunturales, respaldadas por una ciudadanía activa.

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