En un escenario político local que empieza a acelerar sus tiempos tras los anuncios del gobernador Osvaldo Jaldo, la intendenta capitalina, Rossana Chahla, rompió el libreto habitual de la cautela dirigencial y no esquivó la pregunta sobre su futuro político. Lejos de las respuestas evasivas que suelen caracterizar los años previos a los comicios, Chahla admitió abiertamente que la reelección está en sus planes inmediatos.
«Sí, pienso que podemos pensarlo», respondió de manera tajante al ser consultada sobre la posibilidad de competir por un segundo mandato al frente del principal municipio de la provincia.
A pesar de la contundencia de la respuesta, la jefa municipal buscó equilibrar las expectativas temporales al recordar que todavía resta «un año y medio de gestión» en el que, según sus palabras, «hay mucho todavía por hacer» antes de formalizar cualquier postulación.
El factor familiar y el costo de la política para las mujeres
El tramo más revelador de sus declaraciones no estuvo solo en la confirmación de sus aspiraciones, sino en la exposición de los factores personales que pesan sobre la decisión. Chahla bajó a tierra la discusión política y supeditó su candidatura al consenso de su círculo íntimo.
«Depende de mi familia en realidad también, que quieran seguir apoyando. No es tan sencillo, no es tan fácil, sobre todo para una mujer.»
Esta última frase introduce una variable que la mandataria consideró clave: el costo personal, familiar y de género que implica sostener la exposición en la máxima línea de la gestión pública.
Con el tablero provincial moviéndose de forma anticipada, Chahla eligió marcar la cancha con claridad: la gestión manda en el corto plazo, pero la intención de retener la intendencia ya fue puesta sobre la mesa sin filtros.





