Aumento de taxis en San Miguel de Tucumán: la bajada de bandera ya cuesta $1.200

A partir de la medianoche de este miércoles 8 de julio, los taxis de la capital tucumana actualizaron sus relojes con un aumento del 33%. La medida fue oficializada tras la promulgación de la ordenanza municipal por parte de la Secretaría de Gobierno.

  • Bajada de bandera: Pasó de $900 a $1.200.
  • Valor de la ficha: Pasó de $90 a $120 (cada 100 metros).

El frente judicial con las Apps:

Paralelamente, el municipio intimó por carta documento a Uber y DiDi para que regularicen su situación bajo la normativa vigente. Desde la Federación de Conductores de Taxis apoyaron la medida exigiendo «igualdad de reglas» y advirtieron que, de no haber cambios, la Municipalidad podría avanzar con el secuestro de vehículos que operen de forma ilegal.

El dilema del chofer ante la crisis económica

Aunque desde los gremios se recibe el aumento como un «alivio», la realidad para el peón de taxi o el chofer que alquila el auto es mucho más compleja que un simple cambio de tarifa. Este incremento genera un efecto de doble filo:

  • La trampa del costo operativo vs. rentabilidad: El aumento del 33% corre de atrás a la inflación real del sector. El Gas Natural Comprimido (GNC) sufrió dos subas consecutivas recientes, y el valor de los repuestos (neumáticos, frenos, aceite) está dolarizado en la práctica. Lo que el chofer recauda de más se le escurre inmediatamente en la estación de servicio y el mantenimiento básico.
  • El peligro de la «caída de viajes»: Cada vez que sube el taxi, el bolsillo del usuario promedio se resiente. El riesgo inmediato para el chofer es que la demanda baje drásticamente durante las primeras semanas, obligándolo a pasar más horas arriba del auto para cubrir la misma «ticketera» o el alquiler diario del vehículo.
  • La presión competitiva: Con las plataformas (Uber/DiDi) operando con tarifas dinámicas que suelen ser más bajas en horas valle, el taxista queda en desventaja temporal. Si el cliente percibe el taxi como un servicio costoso, migra a las aplicaciones, asfixiando aún más al conductor tradicional que cumple con las cargas e inspecciones municipales.

En conclusión: Para el trabajador del volante, este aumento no es sinónimo de mayor ganancia, sino una medida de supervivencia para no trabajar a pérdida, en un contexto donde el consumo baja y los costos fijos no dan tregua.

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