Tras el múltiple siniestro registrado sobre la Ruta 308 —escenario donde chocaron de manera sucesiva vehículos particulares, de transporte y maquinaria vinculada al transporte cañero—, la controversia no finalizó sobre el asfalto. A la angustia e incertidumbre de los damnificados por el impacto se suma ahora la voz de la familia del tractorista involucrado, quienes salieron a desmentir versiones públicas sobre lo ocurrido e intentan visibilizar el impacto humano de la situación.
De acuerdo con el testimonio de los allegados al conductor, la persona señalada en redes no fue «atrapada» por las fuerzas de seguridad, sino que se presentó de manera voluntaria ante las autoridades para ponerse a disposición de la Justicia. La familia remarca que se trata del único sostén económico del hogar, padre de dos niñas de 10 y 2 años, y que padece afecciones de salud preexistentes como diabetes, por lo que su detención incomunicada genera profunda preocupación por sus condiciones físicas y el resguardo de las mujeres que quedaron solas en una zona rural expuesta.
Asimismo, la representación familiar defiende que la maquinaria circulaba con las luminarias reglamentarias —asegurando contar con registros fílmicos para probarlo— y cuestiona las acusaciones tajantes vertidas en plataformas digitales antes de que el proceso pericial determine fehacientemente las responsabilidades de cada parte.
Más allá del ámbito estrictamente legal, donde la Justicia deberá peritar las circunstancias exactas, las luces del vehículo y la velocidad de los involucrados, este nuevo episodio expone una problemática de convivencia social y vial no resuelta en las rutas productivas. Las tensiones recurrentes entre el tránsito particular cotidiano y la logística de la zafra no solo generan tragedias evitables, sino que abren profundas grietas en la comunidad, dejando secuelas de dolor, desprotección y juzgamiento social cruzado en ambas partes de una misma historia.





