Se apagó una de las sonrisas más generosas y profundas de la cultura popular rioplatense. Rubén «El Negro» Rada dejó este mundo a los 83 años, dejando tras de sí un retumbo de lonjas y una estela de magia sonora que transformó para siempre la música urbana de esta región.
Nacido en Montevideo en 1943, su figura encarnó como pocas el mestizaje y la identidad sonora de las dos orillas del Plata. Rada no fue solo un percusionista excepcional o un vocalista de registro único; fue un alquimista de géneros. De sus manos nació el candombe beat, esa maravillosa bisagra donde los tambores ancestrales del África montevideana dialogaron en pie de igualdad con el rock, el jazz, el funk y el pop.
Un trayecto de innovación y carisma
- Los años dorados de la innovación: Desde sus legendarios pasos por El Kinto junto a Eduardo Mateo hasta el fuego sagrado de Tótem, Rada ayudó a inventar el lenguaje del rock uruguayo, inyectándole madera, ritmo y raíces.
- La conquista rioplatense: Su estadía y su arraigo en Argentina lo transformaron en un referente querido y respetado por generaciones de músicos de toda la región.
- Un repertorio inmortal: Canciones como «Cha-cha muchacha», «Muriendo de plena», «Las manzanas» o «Dedos» forman parte del ADN cultural del Plata, combinando humor, melancolía y virtuosismo.
Rada poseía una virtud reservada solo a los grandes: la capacidad de transmitir alegría sin perder la complejidad artística. Podía hacer bailar a estadios enteros con la misma frescura con la que improvisaba un solo de percusión inolvidable.
Hoy se despide el artista, pero queda la vibración de su lonja encendida. La música rioplatense está de luto, pero cada vez que sonen tres tambores, el tamboril mayor de Rubén Rada volverá a marcar el ritmo.





