La tarde del jueves se tornó sombrĆa para los vecinos de El Colmenar. Alrededor de las 14:30, a la altura del 3.100 de la avenida Juan B. Justo (zona tambiĆ©n conocida como avenida Juan Perón), un siniestro vial se cobró la vida de dos hermanos de cuatro y ocho aƱos. En el hecho se vieron involucrados una motocicleta Motomel Bliss conducida por una mujer de 27 aƱos āmadre de los menoresā y dos colectivos pertenecientes a las lĆneas 7 y 105.
El impacto, cuyas causas precisas aĆŗn se intentan determinar, provocó la caĆda de los niƱos en la calzada, perdiendo la vida en el acto. La conmoción inicial dio paso al trabajo de los servicios de emergencia y las fuerzas de seguridad, que debieron resguardar la escena ante el profundo pesar de los familiares y testigos presentes.
La investigación en curso
Tras el siniestro, tomó intervención la FiscalĆa de Homicidios N° 1 de TucumĆ”n. Bajo sus instrucciones, personal de la ComisarĆa de El Colmenar, CriminalĆstica y el mĆ©dico de PolicĆa comenzaron las tareas de peritaje en el lugar.
La investigación penal se centra en el relevamiento de las cĆ”maras de seguridad de la zona y en la recopilación de testimonios de quienes presenciaron el hecho. Asimismo, se ordenó el secuestro preventivo de los tres vehĆculos involucrados para realizar las pericias mecĆ”nicas correspondientes. Los conductores de ambas unidades de transporte pĆŗblico quedaron a disposición de la Justicia mientras se esclarecen las responsabilidades del trĆ”gico suceso.
MÔs allÔ de las culpas: la urgencia de la protección y el control
Frente a una pĆ©rdida de esta magnitud, el seƱalamiento individual resulta estĆ©ril ante un dolor que es inconmensurable. Sin embargo, la tragedia expone de manera cruda una realidad cotidiana en nuestras calles: la extrema vulnerabilidad de quienes se trasladan en vehĆculos de dos ruedas.
De acuerdo con las primeras observaciones policiales en el lugar del hecho, los menores no llevaban puestos cascos de protección. El dato, lejos de utilizarse para juzgar la conducta de una madre que hoy atraviesa el peor de los dolores, debe funcionar como un doloroso llamado de atención social. El casco es, en la enorme mayorĆa de los casos, la Ćŗnica frontera entre la vida y la muerte ante una caĆda. Cuando se trata de menores de edad, su fragilidad fĆsica vuelve esta medida aĆŗn mĆ”s indispensable.
No obstante, la responsabilidad del cuidado no puede recaer únicamente en las decisiones individuales. La prevención real requiere de una presencia estatal activa y sistemÔtica. La falta de controles de trÔnsito rigurosos y constantes en avenidas de alto flujo vehicular y de transporte público facilita que se naturalicen situaciones de riesgo, como el traslado de múltiples pasajeros o la ausencia de elementos de seguridad homologados.
El respeto a las normas de trƔnsito y el uso de las protecciones adecuadas salvan vidas, pero solo cobran vigencia real cuando existen controles efectivos que eduquen, prevengan y disuadan las conductas de riesgo antes de que ocurra lo irreparable.
La tragedia de El Colmenar no debe quedar únicamente en las pÔginas policiales ni en el anÔlisis de las responsabilidades penales de un expediente. Exige un compromiso colectivo, tanto de conductores como de las autoridades encargadas de planificar y controlar el trÔnsito, para que las calles dejen de ser un escenario de peligro para los mÔs vulnerables.





