El periodismo de Tucumán despide con profundo dolor, pero sobre todo con un inmenso respeto, a una de sus figuras más queridas y emblemáticas: Julio Rómulo Potolicchio. Su fallecimiento, ocurrido este jueves, deja un vacío irreparable en el éter y en las pantallas de la provincia, pero consolida la memoria de una carrera ejercida con una ética inquebrantable, seriedad y una notable vocación de servicio público.
Durante más de cuarenta años, Potolicchio fue mucho más que un rostro y una voz familiar para los tucumanos. Se convirtió en un sinónimo de credibilidad. Su andar profesional estuvo fuertemente ligado a los hitos de la comunicación local, siendo uno de los pilares históricos de Canal 10. Allí, al frente de ciclos fundamentales como TV Prensa —recordado con cariño por su dupla con la entrañable Silvia Rolandi—, Sábados para Todos y Deportivo 10, marcó una época de oro en la televisión provincial, caracterizada por la rigurosidad informativa y el respeto al televidente.
Su magnetismo y solvencia profesional también conquistaron la radiofonía local. Dejó huellas imborrables en emisoras de la talla de LV7 Radio Tucumán y Antena 8, y consolidó un vínculo diario e indestructible con su audiencia desde la conducción de las mañanas de Radio Del Plata Tucumán. En cada uno de esos espacios, Julio Rómulo no solo analizaba la realidad política, social y deportiva con lucidez y equilibrio, sino que además transmitía la mística del periodismo de cercanía, aquel que acompaña y dignifica el día a día de sus oyentes.
«Creo que lo permanente es la responsabilidad periodística. Ahí hay una responsabilidad de la que a veces no nos damos cuenta… Los medios nos brindan una enorme posibilidad, pero detrás de cada información hay un ser humano y una familia.»
Estas palabras, compartidas por él mismo al reflexionar sobre su oficio, sintetizan su filosofía de vida. Aquella vocación que nació en su infancia, cuando escuchaba con admiración los programas deportivos de su juventud, se mantuvo intacta y se tradujo en una máxima que aplicó hasta su último día: sopesar cada palabra con absoluta prudencia.
Más allá de las luces del estudio, Potolicchio también volcó su enorme experiencia y don de gentes en el ámbito de la comunicación institucional. Se desempeñó con brillo como secretario de prensa durante la gobernación de Ramón «Palito» Ortega, y acompañó de forma leal y eficiente a Fernando Juri, actual presidente del Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán, tanto en su etapa de vicegobernador como en sus funciones legislativas recientes. Juri lo definió con justa precisión: «Era un gran profesional, un ícono del periodismo tucumano y, fundamentalmente, una gran persona».
Quienes compartieron estudios, redacciones, coberturas y charlas de café con Julio en la tradicional esquina de Barrio Norte lo recuerdan como un hombre inquieto, sumamente generoso con las nuevas generaciones de periodistas y dotado de una calidez humana excepcional. Supo amoldarse a los desafíos tecnológicos de la era digital con la humildad de quien nunca deja de aprender de sus colegas más jóvenes, sin perder jamás el norte de los valores esenciales del periodismo.
Hoy Tucumán despide a un caballero del micrófono y de la vida, a un periodista de raza que entendió la información como un deber sagrado hacia la sociedad. Su voz se apaga en lo físico, pero su impronta queda grabada a fuego como un faro de dignidad, decoro y profesionalismo para las generaciones presentes y futuras.
Acompañamos con profundo respeto y sincero afecto a la familia, seres queridos y colegas de Julio Rómulo Potolicchio en este momento de hondo pesar. Rogamos por el eterno descanso de su alma y la pronta resignación de quienes hoy lloran su partida. Su legado seguirá vivo en cada micrófono que se encienda con vocación de verdad.
Descanse en paz.






